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El 1 de octubre de 2019, un bus de la empresa Expreso Internacional Palomino partió de Cusco rumbo a Puerto Maldonado. Nunca llegó.

Esa noche, del kilómetro 144 cerca de Marcapata, el bus cayó por un abismo de casi 300 metros, dejando 21 muertos y 32 heridos.

La tragedia conmocionó al sur del Perú, pero lo que vino después reveló algo mucho más oscuro que un simple accidente.

Han pasado seis años y nadie ha sido condenado. La empresa cambió de nombre y sigue operando, y las familias de las victimas, entre ellas, Almendra Pacheco Gonzalez, quien perdió a su padre esa noche, siguen esperando justicia.


En la madrugada posterior al accidente, familiares como Almendra se enteraron, no por las autoridades, sino a través de noticias en Facebook y otras redes sociales. Un claro indicio de mala gestión por parte de las autoridades. Al llegar al lugar, los familiares de las víctimas se encontraron con una escena dantesca: sus seres queridos habían sido colocados debajo del autobús, en el compartimento de equipaje, sin ninguna dignidad ni respeto.


Los informes oficiales:

La investigación policial (Informe Técnico 0152-2019/UPIAT) descartó fallas mecánicas. La causa fue humana — y sistémica.


El chofer, había trabajado más de 10 horas seguidas. Estaba agotado. La empresa le había asignado otra ruta extensa apenas unas horas después de llegar de Lima a Cusco.

Tras la tragedia, la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL) descubrió una verdad más profunda:


Palomino obligaba a sus conductores a trabajar hasta siete días seguidos sin descanso.

En 2020, SUNAFIL emitió una resolución que documentaba graves infracciones de las normas de seguridad laboral. La empresa fue multada con 2 millones de soles. Sin embargo, la familia Palominos impugnó la multa. INDECOPI —a través de la Resolución N.º 0787-2025/SPC-INDECOPI— confirmó la responsabilidad directa de Palomino. La multa, de 450 UIT, fue confirmada. Sin embargo, nadie fue encarcelado. Los propietarios apelaron y continuaron operando.


Un sistema que protege a los poderosos

Para las familias de las víctimas, el camino hacia la justicia ha sido una pesadilla. Tres fiscales han pasado por el caso.


Uno fue retirado por presunta corrupción. Aceptó una botella de Whiskey para cerrar el caso en silencio. Por suerte, lo capturaron antes de que pudieran cerrar el caso. Sin embargo, esto nos recuerda crudamente cómo los actores corruptos en Perú desprecian la vida humana.

Además, no se ha realizado ningún juicio desde que el expediente ingresó a la etapa de control de acusación. La familia Palomino, propietaria de la empresa, contrató como abogada a Yeni Vilcatoma, ex congresista vinculada al partido Fuerza Popular.


Según las familias, su intervención coincidió con años de dilaciones procesales y apelaciones interminables, añadiendo una capa de protección política al caso.

Mientras tanto, la empresa cambió su nombre a Turismo Palomino S.A.C. y continúa ofreciendo servicios de transporte a nivel nacional.


El costo humano

Para Almendra y decenas de familiares, esta lucha es profundamente personal. Su padre fue una de las víctimas mortales de aquella noche. Durante seis años, las familias han enfrentado intimidaciones, rechazo institucional y agotamiento, pero continúan exigiendo verdad.

Sus vidas, antes definidas por el dolor, hoy representan una lucha por la memoria y la dignidad.


Más Injusticia

El autobús implicado en el accidente fue rápidamente incinerado por la empresa, una forma eficaz de encubrir su negligencia y cualquier prueba que pudiera haberse utilizado en su contra. Según los archivos de multas de 2019 a 2025, la empresa Expreso Internacional Palomino, ahora conocido como Turismo Palomino, acumula aproximadamente 600 multas que representan un porcentaje considerable de sus utilidades netas. Los dueños del negocio, Wilman Palomino Ortiz, Rosa Palomino Ortiz y Ronmel Palomino Ortiz, siguen viviendo una vida despreocupada, sin pensar en las consecuencias de sus actos. Mientras tanto, las familias afectadas continúan sufriendo y luchando por la justicia que merecen.


Justicia tardía, justicia negada

Han pasado seis años. No hay sentencia. No hay reparación. No hay justicia.

Incluso el propio INDECOPI ordenó que la empresa cubra los gastos médicos de los sobrevivientes —una orden que nunca fue ejecutada.


Aun así, los nombres de las víctimas permanecen vivos en la lucha de sus familias. Este caso no es solo sobre un accidente.


Es sobre un sistema que protege a las empresas y silencia a las víctimas.

 
 
 

una fuente interna dentro del Ejército Peruano me envió documentos oficiales de la Inspectoría General del Ejército, mostrando cómo el dinero destinado a la jubilación y protección laboral de trabajadores civiles habría sido desviado por personas dentro de la institución.


¿Qué es el FSCE y por qué es “intangible”?

El Fondo de Seguro de Cesación fue creado para proteger a los trabajadores civiles que prestan servicios en las instalaciones del Ejército a nivel nacional. Por ley, los trabajadores civiles aportan el 7% de su salario cada mes a este fondo, que debe ser usado exclusivamente para jubilación, cese laboral, y beneficios de protección social. Legalmente, el fondo es “intangible” según Decreto Supremo 041-DE/CCFFAA y Reglamento RCGE 864-2020.


Esto significa tres cosas fundamentales. El dinero no puede tocarse para ningún fin que no sea beneficiar a los trabajadores. El fondo no puede pagar por usar instalaciones del Estado, todo debe ser gratuito. El fondo no puede transferir dinero a otras oficinas del Ejército.

Cualquier uso distinto es ilegal y puede constituir un acto de corrupción. Eso es en papel. En la práctica, los documentos que recibí muestran lo contrario.

Qué revelan los documentos filtrados

Los archivos enviados, específicamente “Deficiencia Nº 4” de un informe de inspección interna, detallan cómo 120,000 soles fueron extraídos del FSCE durante el año 2022. Cada mes, 5,000 soles fueron retirados del fondo. Todas las transacciones están registradas. Todos los pagos tienen el mismo destino.

Los 120,000 soles fueron pagados a Jorge Magno Morán Zorrilla. La justificación utilizada fue un supuesto “convenio” que permitía a la Oficina de Economía del Ejército (OEE) cobrar al FSCE por el “uso de instalaciones”. Ahí comienzan las irregularidades.


Por qué esto es totalmente ilegal

Según el decreto de 1997 y el reglamento de 2020, El fondo no puede pagar por usar instalaciones del Ejército. Estas instalaciones son del Estado y deben ser provistas sin costo al fondo. El fondo no puede transferir dinero a otras oficinas militares. Cualquier cobro es automáticamente ilegal. El fondo es intangible. Es decir, intocable, especialmente para gastos administrativos del Ejército. Esto viola el Código de Ética del Funcionario Público y puede constituir delito según el Código Penal peruano.


El propio informe de la Inspectoría cita directivas anticorrupción y normas éticas, lo cual sugiere que los auditores consideraron estas acciones como potencialmente delictivas.

Quiénes están implicados

Jorge Magno Morán Zorrilla- Beneficiario de los 120,000 soles pagados durante el 2022.

Pero el caso no termina ahí. Los documentos y el contexto administrativo del FSCE también vinculan a otros oficiales.


Julio César Amable Molina- Oficial de alto rango con influencia en la supervisión y administración del fondo.


Óscar Collantes Odar- Otro funcionario involucrado en decisiones que permitieron el manejo irregular del FSCE.


Por qué este caso es grave para el Perú

El FSCE protege a más de 5,000 trabajadores civiles del Ejército- mecánicos, administrativos, cocineros, técnicos, choferes, personal de mantenimiento. Estas personas no reciben pensión militar. Su futuro depende completamente de este fondo. Si el dinero se desvía, aunque sean “pequeñas cantidades”, abre la puerta a un problema mayor.

Si el Ejército no protege el dinero de sus propios trabajadores, ¿qué otras áreas están vulnerables?



 
 
 
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Austin Dakota Brown (Cody)

Originario de Estados Unidos, Cody comenzó a trabajar y viajar por toda América Latina, donde fue testigo de primera mano de los desafíos sociales e institucionales que enfrentan muchas comunidades. Estas experiencias lo llevaron a crear Sin Fronteras como una plataforma dedicada a documentar historias que suelen pasar desapercibidas y a amplificar las voces que buscan justicia.

 

A través del periodismo de investigación, la narración documental y los medios digitales, Cody se enfoca en temas como la corrupción, la justicia social y la rendición de cuentas gubernamental. Su trabajo busca cerrar brechas culturales y de información, haciendo que temas complejos sean accesibles para audiencias globales.

 

Cody cree que el periodismo debe empoderar a las comunidades, promover la transparencia y fomentar el diálogo entre fronteras. Su misión es continuar construyendo una plataforma que informe, conecte y dé visibilidad a historias que merecen atención internacional.

Luchando con orgullo contra la corrupción desde 2025.

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